Lunes, 27 de Julio de 2026

Morelia, Mich

Obsession: cuando el deseo se convierte en maldición

Obsession: cuando el deseo se convierte en maldición
Fernando Álvarez del Castillo

El debut de Curry Barker como director y guionista llega con una premisa que suena a advertencia antigua: cuando un anhelo romántico se pudre en soledad, puede abrir la puerta a algo que ya no es del todo humano. Obsession parte de una idea sencilla: un hombre incapaz de superar un amor platónico se asoma, poco a poco, al terreno del horror psicológico, ese subgénero en el que el verdadero monstruo no se esconde en las sombras, sino en la mente de quien cuenta la historia. Barker apuesta por una película íntima antes que espectacular, y esa decisión arriesgada para una ópera prima termina siendo también su carta de presentación más honesta.

Michael Johnston, Inde Navarrette y Cooper Tomlinson cargan con el peso dramático de una trama que pide credibilidad emocional antes que sustos fáciles. Johnston interpreta a un protagonista atrapado en su propia obsesión, un personaje que tiene que pasar de la vulnerabilidad al desequilibrio sin perder la empatía del espectador. Es un equilibrio complicado, y de él depende buena parte del impacto de la película. Navarrette, en cambio, interpreta al objeto de ese amor no correspondido y enfrenta el reto contrario: darle carne y humanidad a una figura que la propia narrativa empuja, casi sin querer, hacia el símbolo más que hacia la persona.

Lo más interesante de la apuesta de Barker es su decisión de convertir el deseo no correspondido en un detonante sobrenatural. El “hechizo siniestro” del que habla la sinopsis no funciona como giro caprichoso, sino como la extensión literal de una idea muy vieja en el cine de terror: la obsesión como fuerza capaz de deformar la realidad de quien la sufre. Cuando el amor propio se mezcla con el rechazo y la negación, el horror deja de ser algo externo y se vuelve una consecuencia casi lógica del estado mental del protagonista.

El terror que nace del deseo insatisfecho suele funcionar mejor cuando se sugiere, cuando deja que el espectador complete, con su propia incomodidad, aquello que la imagen apenas insinúa. Si Barker consigue mantener esa contención a lo largo de la película, Obsession puede convertirse en una de esas rarezas del género que inquietan más por lo que dejan pensar que por lo que muestran en pantalla.

Obsession se perfila como una apuesta arriesgada para presentar a Curry Barker: un relato que usa el lenguaje del horror para hablar, en el fondo, de la incapacidad de aceptar un “no” y de las consecuencias de poner a otra persona en el centro absoluto de la propia identidad. Con un elenco joven dispuesto a entrar en zonas incómodas y una premisa que dialoga con un tipo de folk horror emocional, la película promete quedarse en la memoria de quienes buscan en el terror un espejo psicológico más que un simple catálogo de sustos.